Contexto mundial

En un mundo cada vez más interdependiente, desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria, las crisis económicas y financieras, así como la pobreza y los conflictos armados no conocen fronteras. Las acciones individuales por parte de los países no son suficientes para hacer frente a ello ni para tratar sus causas. Más que nunca es necesario un esfuerzo colectivo tanto a nivel global como local.

Las dinámicas económica, geopolítica, medioambiental, social o tecnológica, con los riesgos que estas conllevan, están cada vez más interrelacionadas. Las agresiones al medio ambiente ponen en peligro las bases mismas de la vida y del desarrollo. El menoscabo de los ecosistemas, la polución y el debilitamiento de la biodiversidad amenazan no solo los medios de existencia sino también la salud y el potencial de desarrollo de las personas con escasos recursos económicos.

Debido al cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos, tales como sequías, inundaciones o ciclones, se vuelven cada vez más frecuentes y violentos. Sacuden regiones hasta ahora a salvo y afectan cada vez a más personas. Este hecho pone en peligro la seguridad alimentaria y empuja a las personas afectadas a buscar alternativas, entre ellas la migración.

Notable reducción de la pobreza, pero no para todos

Se han hecho grandes progresos durante estas últimas décadas en lo que se refiere a la reducción de la pobreza y al desarrollo humano. Nunca ha estado tan cerca la Comunidad de Estados de erradicar la pobreza extrema. La proporción de personas viviendo en situación de pobreza extrema (menos de 1,25 USD por día) en los países en vías de desarrollo ha pasado del 47 % en 1990 al 14 % en el 2015.

Pero a pesar de que la pobreza ha disminuido a escala mundial, más de 2 millardos de personas viven aún con menos de 2 dólares por día. En el interior de los países, las desigualdades de orden económico, social o político subsisten, por no decir que aumentan y se acumulan. Dichas desigualdades manifiestan una discriminación basada en los ingresos, el género y la pertenencia social, étnica o religiosa. Las mujeres y las niñas siguen haciendo frente a múltiples formas de discriminación y de violencia y representan cerca del 70 % de las personas que viven en situación de pobreza extrema.

En los países menos avanzados, tales como la República Democrática del Congo, Somalia o Haití, las personas con escasos recursos económicos representan a la mayoría de la población. El continente africano, donde vivirán el 80 % de las personas pobres de aquí al 2025, está particularmente afectado. En África subsahariana, aproximadamente una de cada cuatro personas pasa hambre cada día.

En los países de ingreso medio con un crecimiento sostenido, una parte importante de la población continúa viviendo en el umbral de la pobreza. Al mismo tiempo, la pobreza tiende a concentrarse cada vez más en los contextos frágiles, donde vivirán, según la OCDE, cerca de las dos terceras partes de las personas pobres de aquí al 2030. Estos son los contextos que presentarán en el futuro los mayores desafíos en términos de pobreza y de seguridad humana.

Reforzar las instituciones para consolidar los logros

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cerca de 800 millones de personas son susceptibles de recaer en una situación de pobreza ante acontecimientos inesperados. Una mala cosecha, gastos médicos imprevistos, una catástrofe natural, un conflicto armado o una crisis económica o financiera pueden hacer caer o recaer a personas, e incluso a comunidades enteras, en una situación de pobreza. El terremoto que sacudió Haití en 2010, el país más pobre del continente americano no solo costó la vida a 230 000 personas, sino que además dejó a 1,5 millones de personas sin techo, privando a niños de escuelas y a enfermos de hospitales. Del mismo modo, un conflicto sangriento puede destruir en unos años los progresos realizados a lo largo de décadas. Según algunas estimaciones, entre el 2011 y el 2015, la esperanza de vida de los sirios disminuyó en 20 años.

La COSUDE, al igual que la SECO y la División de Seguridad Humana del DFAE, se ha venido empleando en reforzar las instituciones y el Estado de derecho en los países donde interviene. Concretamente, se trata de implementar un sistema de seguridad social básico accesible a todo el mundo, financiar la formación de personal sanitario cualificado para poder combatir con eficacia una pandemia como el virus del Ébola, o también invertir en la educación básica y en la formación profesional de los jóvenes.

Encontrar soluciones duraderas supone tratar los conflictos desde la raíz, centrándose en  cuestiones como la exclusión social y política, el aumento de la violencia como recurso, oportunidades económicas insuficientes o la imposibilidad de ciertas categorías de la población de recurrir a la justicia. La COSUDE se esfuerza igualmente por acompañar a numerosos países en la implementación de mecanismos eficaces de prevención de catástrofes naturales.

Una Suiza que crea puentes

En un contexto mundial multipolar donde coexisten diversas potencias globales y regionales, tradicionales y emergentes, la resolución de crisis, conflictos y desafíos globales se vuelve cada vez más compleja. En este sentido, el papel de Suiza como país creador de puentes es cada vez más importante.

Países emergentes como China, India, África del Sur, Brasil, Nigeria o los países del Golfo tienen un peso económico cada vez mayor. Las empresas de los países emergentes se internacionalizan y los enlaces económicos entre los países del Sur se intensifican.

Asimismo, los países toman distancia con respecto a la ayuda internacional tradicional, o bien la rechazan expresamente. Coexisten diferentes sistemas de valores y diferentes visiones del mundo. Las negociaciones multilaterales, como por ejemplo sobre el comercio o el clima, son cada vez más arduas, lo que atestigua esta redefinición del orden mundial. Los valores diferentes o los antagonismos pueden llevar a la ralentización, cuando no a la paralización de las instituciones. Durante este tiempo, surgen nuevas instituciones, como el Banco asiático de inversión en infraestructuras, iniciado por China. 

Numerosos actores interconectados

Junto a Suiza, en su cooperación internacional, y a otros donantes tradicionales, se encuentra un número cada vez más heterogéneo de actores: donantes emergentes, empresas privadas, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, fundaciones o diásporas, así como jefes religiosos o grupos armados. Todo ello hace que la coordinación se vuelva cada vez más compleja.

La interconexión, la movilidad y las nuevas tecnologías aceleran la circulación de las ideas y del saber a un ritmo jamás alcanzado hasta ahora. Las redes sociales permiten denunciar violaciones de los derechos humanos o pedir cuentas a los responsables políticos; incluso aplicaciones de móviles pueden contribuir a introducir prestaciones sanitarias o servicios financieros en poblaciones apartadas. 

Finalmente, la movilidad entre los países y en el interior de los mismos se intensifica. Si bien las migraciones suelen ser, desgraciadamente, fuentes de tragedias para hombres, mujeres y niños, arrojados a las calles del exilio, también contribuyen al desarrollo de los países creando dinamismo y oportunidades. La urbanización crece considerablemente, dando lugar a nuevas formas de pobreza y a toda una serie de desafíos en materia de gestión de residuos, desarrollo de los transportes públicos, educación, empleo y alojamientos decentes.