Es la historia de Edna Adan Ismail, nacida en Somalia en 1937. La historia de una mujer pionera por varias razones. Edna Adan Ismail, que ya de niña estaba decidida a ocupar un sitio entre los chicos en los bancos de la escuela, partió a estudiar al Reino Unido para regresar después a su país y convertirse en la primera enfermera y partera cualificada. Edna Adan Ismail multiplicó sus compromisos y terminó su larga carrera ocupando distintos cargos en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y aquí podría haber acabado la historia.
Si no fuera porque cuando llegó a la edad de la pensión, a Edna Adan Ismail se le ocurrió una idea disparatada, la idea de construir un hospital que sirviera de maternidad. Una auténtica locura, dijeron unos. Un esfuerzo inútil, opinaron otros. Pero no contaban con la determinación de Edna Adan Ismail ni con la cólera que le invadía viendo morir a demasiadas mujeres de embarazo o de parto a consecuencia de unas complicaciones no tratadas.
Tras varios años de gestiones y gracias a numerosos apoyos, Edna Adan Ismail ganó su apuesta. El soñado hospital-maternidad abrió sus puertas en 2002 en Hargeisa, capital de Somalilandia. Algo nunca visto en la región. Desde entonces, han nacido allí 17.000 bebés, miles de mujeres han recibido la atención apropiada, se han practicado cerca de 2000 cesáreas y 845 personas han seguido una formación de enfermería, partería o farmacia. En 2012, Edna Adan Ismail fundó una universidad colindante con el hospital con el fin de intensificar los esfuerzos de formación del personal sanitario.
La Conferencia ha hecho recordar que a escala planetaria 400 millones de personas carecen de acceso a una atención sanitaria de calidad. ¿Cómo están las cosas en Somalilandia?
Somalilandia sufre a todos los niveles. Todos los indicadores, lo mismo en el campo de la salud, que en el de la educación o el del poder adquisitivo por habitante son muy bajos. En Somalilandia, una mujer corre un riesgo de morir por complicaciones en el embarazo o el parto 200 mayor que aquí, en Suiza. Esto se explica por el hecho de que en Somalilandia menos del 10% de las mujeres embarazadas tienen un seguimiento por parte de personal sanitario cualificado. Los niños también se ven afectados: 9 de cada 100 mueren antes de cumplir los cinco años, muchos de ellos incluso son neonatos. Una cifra dramática.
Esta realidad le llevó a usted a fundar su hospital. Trece años más tarde, ¿qué balance hace usted de su apuesta?
Sólo puedo decir que estoy muy satisfecha. Además de los miles de embarazos que hemos acompañado y de la atención básica que nuestra clínica ambulatoria ofrece cotidianamente, yo percibo un cambio de la mentalidad, lento pero gradual.
¿Tienen las mujeres en Somalilandia hoy en día más derechos que hace veinte años?
Esta es una batalla permanente. Hay aspectos de nuestra cultura que hay que rechazar, superar. Hay demasiadas mujeres que están a la merced de los hombres que les rodean, a la del temor que estos sienten ante las cesáreas o los medicamentos prescritos. Muchas sufren también embarazos en serie. Las mujeres nómadas constituyen, para mí, una prioridad. Con frecuencia, son analfabetas y viven recluidas en lugares aislados; son ellas las más desgraciadas. Dicho esto, no hay que buscar muy lejos para trabajar contra las representaciones sexistas. Yo transmito también mensajes muy claros a los estudiantes de mi hospital.
¿De qué forma?
Resulta que después de una primera promoción de aprendices de farmacia, que constaba solo de mujeres, el segundo grupo en iniciar y concluir el curso propuesto en el seno de mi hospital era un grupo mixto. Mas hete aquí que en el momento de la publicación de los resultados de los exámenes, los tres primeros lugares correspondieron a tres mujeres. Los chicos de la clase, celosos, dieron a entender que ellos no asistirían a la ceremonia de entrega de los premios. Fui a verlos para explicarles que, sencillamente, las chicas lo habían hecho mejor que ellos. Ellos no querían saber nada del tema, y entonces yo les amenacé: «Si boicotean la ceremonia, no firmaré su diploma. No tengo tiempo que perder con hombres como ustedes.» Estas palabras tuvieron el don de hacerles cambiar de opinión…
¿Qué ocurre con las prácticas de mutilación genital impuestas a las mujeres?
Desgraciadamente, este fenómeno está muy extendido en mi país. Pero ya solo el hecho de poder ahora tematizarlo abiertamente constituye de por sí una victoria. Antes de un nacimiento, les pedimos siempre a los futuros padres que rellenen un cuestionario en el que, entre otras, figura la siguiente pregunta: «Si el niño que va a nacer es hembra, le someterán a mutilaciones genitales?» Esta pregunta no prejuzga nada pero involucra forzosamente. Nosotros abordamos ahora directamente la cuestión con los padres. Por último, les hago prometer a todos los estudiantes que acojo en la nueva universidad, dentistas incluidos, que lucharán abiertamente contra las mutilaciones bajo pena de ser devueltos a sus casas.
¿Qué otro proyecto le gustaría poder realizar?
Me gustaría hacer más por las poblaciones nómadas. Como ya he señalado, los nómadas son los « olvidados » del sistema de salud. Habría que multiplicar las estructuras de atención descentralizadas, contratar a trabajadores de la salud que puedan analizar una fiebre, identificar un caso de malaria, ofrecer atención básica o remitr al paciente a un hospital en caso necesario. No se requieren necesariamente doctores sino cuidadores de base.
Usted no oculta su edad … Va a cumplir 78 años. ¿Qué va a pasar con el hospital y la universidad que usted ha creado una vez que decida descansar realmente?
Si muero mañana, el hospital me sobrevivirá y todo lo que he puesto en pie también. Piense usted en todo el personal que he formado. Continuamente incito a las autoridades a tomar el relevo. Para el desarrollo de los programas de formación, implico al Gobierno y le hago firmar para que los títulos sean reconocidos y para que este personal capacitado tenga garantizado un puesto de trabajo. En el seno del hospital, he nombrado una serie de responsables de sector que, con el tiempo, deberían poder reemplazarme. Yo exijo de estas personas una auténtica profesionalidad y una total transparencia.