“Los jóvenes: una bomba de relojería social, pero también un motor de innovación”

Artículo, 26.06.2017

En Burkina Faso, se aplaude el empeño de Suiza en trabajar en estrecha colaboración con las empresas en el desarrollo de planes de aprendizaje de calidad. Lo que es evidente en Suiza, no lo es en todas partes. El número cada vez mayor de jóvenes en Burkina Faso exige que se tomen medidas con rapidez.

Ambroise Tapsoba e Issa Compaoré hablan sentados a la mesa del vagón restaurante de un tren suizo.
Ambroise Tapsoba e Issa Compaoré son dos piezas clave del programa de apoyo a la formación profesional de la COSUDE en Burkina Faso. DDC

El 70% de los 19 millones de habitantes de Burkina Faso son menores de 35 años. Entre ellos, 400 000 llegan cada año al mercado de trabajo sin preparación alguna. De ahí los desafíos en materia de formación y empleabilidad de los jóvenes que se plantean en Burkina Faso, y en muchos otros países, por otra parte. 

La COSUDE se dedica, desde hace varias décadas, a mejorar la calidad de la educación básica y de la formación profesional en Burkina Faso. Desde 2016, la organización coordinadora del sector privado, el Consejo Nacional de Empleadores de Burkina Faso (CNPB), actúa como contraparte estratégica de la COSUDE de pleno derecho. El objetivo del CNPB es convencer al mayor número posible de empresas y artesanos de que creen puestos de aprendizaje. 

En el vagón restaurante del tren que los lleva desde Berna a Lausana, para asistir a la Conferencia anual, Issa Compaoré, secretario para asuntos de empleo y formación profesional del CNPB, y Ambroise Tapsoba, experto colaborador de la Oficina de la cooperación suiza en Burkina Faso, intercambian impresiones. 

Cuáles son los mensajes que quieren transmitir en Suiza?

Issa Compaoré (IC): Estoy aquí para decir que es un honor para el Consejo Nacional de Empleadores de Burkina Faso (CNPB) contar con la confianza de la COSUDE para mejorar las oportunidades de formación de los jóvenes de nuestro país, y que estamos decididos a trabajar en ese sentido. No hay duda de que el sector privado tiene un papel esencial para ayudar a los jóvenes a hacer algo con sus vidas.

Ambroise Tapsoba (AT): Por su parte, la COSUDE puede demostrar que el trabajo que ha llevado a cabo desde hace muchos años ha tenido efectos concretos en la vida de la gente. Gracias a varios proyectos muchos adolescentes han conseguido un empleo, para ganarse la vida y ejercer sus derechos ciudadanos. Cuando el sector privado entra en la ecuación los resultados de nuestros esfuerzos se multiplican. Para ello ha sido necesario convencer al gobierno para que incluyera a las empresas en la reforma de la formación profesional. A día de hoy, eso se ha logrado. 

Es difícil creer que, hasta ahora, nunca se había considerado al sector privado como contraparte en la formación profesional...

AT: La escasa participación del sector privado se explica en el hecho de que nuestro sistema escolar ha sido diseñado para permitir la contratación de funcionarios a la administración, no para estimular la economía. La educación general y la formación profesional no siguen la misma lógica. A nuestro país siempre le ha costado integrar la dimensión práctica de las profesiones en sus programas educativos.

IC: Es cierto que hay muchos profesores que oponen cierta resistencia a la idea de no ser los únicos implicados en la transmisión del conocimiento. Y después, también hay una cuestión muy política de distribución de poder. Nuestro Estado siempre ha tenido la costumbre de ser el que lo hace todo. Digamos que su proceso de aprendizaje de lo que podríamos llamar la “gobernanza compartida” ha sido un poco lento. Y no me refiero solo a la marginación del sector privado, también se ha marginado a los gobiernos locales y a la sociedad civil.

Como coordinadora de varias asociaciones profesionales, ¿qué medidas concretas van a tomar para involucrar a las empresas en la formación profesional?

IC: Iremos a visitarlas una por una, para explicarles nuestro enfoque y los motivos por los que deben cambiar su forma de hacer las cosas. Nuestro objetivo es conseguir que haya 400 empresas dispuestas a aceptar aprendices. Todas ellas recibirán un distintivo para que sirvan de ejemplo. 

Hay algunas empresas que se resisten?

IC: Está claro que formar aprendices supone un gasto. Pero, como ocurre aquí en Suiza, la rentabilidad de la inversión puede superar esos gastos, cuando las empresas ven que, al final, tienen empleados muy bien formados que satisfacen sus necesidades. Uno de los retos es alentar a las empresas a diferenciar claramente a los aprendices de los estudiantes en prácticas, que cobran poco o nada. Para ello, la legislación debe adaptarse para mejorar la protección de los aprendices.

AT: La calidad de la formación, la pertinencia de los programas de formación y las competencias de los propios formadores son otros aspectos que deben mejorar antes de pasar a una masificación de la formación profesional. Estamos trabajando con los ministerios competentes para desarrollar toda una serie de normas nuevas.

IC: Estoy completamente de acuerdo en la necesidad de preparar bien el terreno... Suiza se diferencia de otros donantes en que sus reformas son lentas pero seguras. Está claro que, en este momento, no es necesario aumentar los centros de formación. Ahora, el objetivo es encontrar empresas dispuestas a proporcionar formación. 

Partiendo de la idea de que cada una de las 400 empresas formadoras que esperan encontrar acogerá a uno o dos aprendices, ¿de qué forma podría este sistema absorber algún día a los 400 000 jóvenes que llegan cada año al mercado laboral?

IC: En primer lugar es evidente que nuestra curva demográfica debe descender. No cabe duda de que la educación básica, a la que hoy accede el 85% de los niños de Burkina Faso, contribuirá a ello. Y, por otro lado, debemos volcar todos nuestros esfuerzos en transformar nuestra economía. La exportación de oro o de algodón no lo es todo. La transformación de productos agrícolas representa un enorme potencial, al igual que el sector terciario. Todos esos jóvenes de los que hablamos no se quedan de brazos cruzados, el problema es que su productividad es muy baja. Si se les da la formación adecuada, pasarán de ser una bomba de relojería social a convertirse en un auténtico motor de innovación.

Unos progresos prometedores

El programa de apoyo a la formación profesional de la COSUDE, lanzado en 2005, ha hecho del aprendizaje dual (teórico y práctico) un modelo de referencia en Burkina Faso, basándose en muchas experiencias piloto positivas. Durante estos años, más de 6.000 adolescentes y    40 000 adultos han podido adquirir nuevas competencias. La COSUDE también ha contribuido al establecimiento de una política nacional de formación profesional que consagra el papel central de las empresas. De aquí a 2020, la COSUDE tiene como objetivo formar a 12 000 jóvenes (la mitad de ellos, mujeres) en varios sectores más o menos tradicionales –artesanía, agricultura, construcción e ingeniería civil y energía solar– para que obtengan un empleo y puedan así llevar ingresos a sus hogares. La formación de profesionales competentes en Burkina Faso, sobre todo en el sector de la construcción, es especialmente importante, ya que el país recibe un flujo de mano de obra cualificada desde otros países de la subregión.