Neutralidad

La neutralidad es uno de los fundamentos de la política exterior helvética. Prohíbe a Suiza participar en conflictos armados y entrar en alianzas militares.

Fuente con el globo terráqueo junto al edifcio de Naciones Unidas
La sede de Naciones Unidas en Ginebra. © DFAE, Presencia Suiza

La neutralidad suiza se remonta a la derrota de los confederados en la batalla de Marignano en el año 1515, pero no fue reconocida internacionalmente hasta 1815 en el Congreso de Viena. Como estado neutral Suiza no participa en conflictos de otros estados, ni proporciona ayuda armada, ni forma parte de alianzas militares. Con su adhesión a la Convención de la Haya en 1907, Suiza formalizó su posición. Esta Convención establece los derechos y las obligaciones de los estados neutrales en tiempos de guerra. 

El final de la Guerra Fría dio ocasión a Suiza para reexaminar su política de neutralidad. Así por ejemplo, participó en las sanciones económicas impuestas a Irak en la primera Guerra del Golfo de 1991, formó parte en 1996 de la “Asociación para la Paz” de la OTAN y envió en 1999 a efectivos voluntarios no armados del ejército para apoyar los esfuerzos pacificadores en Kósovo. 

Con ocasión de una votación popular celebrada en el año 2001, el electorado suizo aprobó por una escueta mayoría permitir la provisión con armas de los efectivos suizos en intervenciones para el mantenimiento de la paz. En 2002 Suiza dio un paso más en dirección a una política de neutralidad más activa al ingresar en la ONU. 

La neutralidad forma parte de la conciencia colectiva del país y cuenta con un amplio apoyo en la población. Fomenta también la cohesión interna entre los distintos grupos lingüísticos y las confesiones y desempeña además una función determinante para Suiza en su empeño de ofrecer sus buenos servicios.