Acceso a los recursos naturales, la formación y los ingresos

Mujeres y hombres en Burkina Faso alrededor de una mesa con una máquina.
En la formación, las mujeres deben tener las mismas oportunidades y derechos que los hombres. © COSUDE

Las mujeres desempeñan un papel esencial en la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza, tanto en zonas rurales como urbanas. La COSUDE promueve el acceso de las mujeres a los recursos naturales, la formación profesional, los mercados y los servicios.

En el punto de mira de la COSUDE

La COSUDE pretende consolidar el papel de las mujeres en la seguridad alimentaria. Sus prioridades son las siguientes:

  • Establecer la igualdad de derechos en el acceso a los recursos, prestando especial atención a la gobernanza de la tierra.
  • Promover el empoderamiento económico de las mujeres mejorando las cadenas de valor, y velando por su acceso a la formación profesional, los mercados y los servicios.
  • Integrar en las economías rurales sistemas de seguridad social sensibles a la dimensión de género.

Contexto

Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza, ya que tienen una importante presencia en la producción agrícola y en la economía rural. Sin embargo, en muchos países la discriminación social y jurídica dificultan su acceso tanto a la propiedad de la tierra como a su explotación, así como a los medios de producción, la formación profesional y los servicios financieros.

En las economías rurales, la mayoría de las mujeres trabaja en explotaciones agrícolas familiares y en el sector informal, donde asumen un gran volumen de trabajo por unos ingresos muy bajos y con una escasa productividad. Las mujeres suelen trabajar bajo condiciones precarias en sectores de bajos salarios, como la industria textil. Por lo que su potencial para contribuir a la seguridad alimentaria, la económica y al desarrollo está infrautilizado.

Varios análisis muestran que la discriminación estructural de las mujeres en el desarrollo económico se debe principalmente a dos factores:

1. Discriminación múltiple por razones de pertenencia religiosa, social o étnica.

2. Carga por el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, definido por normas sociales y roles de género inamovibles, por lo que, a menudo, es desempeñado por mujeres.

Estos factores limitan las posibilidades de las mujeres de completar una formación o incorporarse a un trabajo productivo y remunerado. También dificultan su acceso a los sistemas de seguridad social, casi siempre ligados a un empleo formal y a unos ingresos.