Biocultura

Proyecto terminado
Mujer agricultora trabajando. © COSUDE

A pesar de que la Cordillera de los Andes rebosa de riquezas las poblaciones bolivianas que habitan en este lugar y los valles adyacentes son muy pobres. Razón por la que conjuntamente la Agencia de Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y el Gobierno de Bolivia han iniciado el programa BioCultura que tiene por objeto la promoción económica y cultural de las comunidades indígenas y campesinas de Bolivia.

 

Región/País Tema Período Presupuesto
Bolivia
Cambio climático y medio ambiente
Empleo y desarrollo económico
Governance
Biodiversidad
Desarrollo de pequeñas y medianas empresas
Descentralización
01.04.2009 - 31.08.2015
CHF 13'850'000

Papa, quinua, frijoles, maní, cucurbitáceas, pimientos, chirimoya (una fruta local), plantas medicinales y lana de alpaca, son algunos de los productos naturales que ofrecen los altiplanos bolivianos y los valles andinos. Sin embargo, la paradoja es que el 80% de las familias que habitan en la región andina (y que constituye la mitad de la población de Bolivia) viven por debajo del umbral de la pobreza.

Con varias experiencias exitosas recogidas a partir de los años 1990, la COSUDE y el Viceministerio de Bolivia de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambios Climáticos y de Gestión y Desarrollo Forestal han elaborado conjuntamente un programa de acción lanzado en 2006.  Este fue llamado BioCultura y va dirigido al desarrollo económico, social y cultural de las comunidades indígenas y campesinas de los Andes, a tiempo de que garantiza la preservación a largo plazo de los ecosistemas locales.

Política indígena

El programa se ha visto reforzado por la nueva Constitución adoptada en 2009 por Bolivia. La ley fundamental refleja el enfoque alternativo de desarrollo y el giro indigenista que dio el país tras la elección de Evo Morales a la presidencia en 2005. Este jefe de Estado, de origen amerindio, dio que hablar al ordenar la nacionalización de los hidrocarburos del país, antes de anclar en la nueva Constitución y en un «Plan Nacional de Desarrollo» el derecho de los pueblos indígenas a gestionar las riquezas de sus tierras.

Una nueva filosofía, el «Vivir Bien» (buen vivir) – comparable a la «Felicidad nacional bruta» ideada por el rey de Bután en los años 1970 – constituye ahora la piedra angular de cualquier proyecto de desarrollo en Bolivia. El «Vivir bien» recuerda la necesidad de respetar la naturaleza integrando los elementos de la cosmología indígena, donde los hombres y los entornos naturales están predestinados a convivir en armonía y a complementarse.

Resultados alentadores

El programa BioCultura, que el Viceministerio boliviano de la Biodiversidad dirige y cofinancia con 1 millón de francos, se inscribe plenamente en esa visión. Decenas de comunidades indígenas y campesinas (que representan una décima parte de los municipios andinos de Bolivia) se han beneficiado hasta la fecha de este programa articulado entorno a cuatro objetivos específicos prioritarios:

  • Conservar la biodiversidad
  • Incrementar la producción y garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones
  • Mejorar la gestión local de los recursos naturales
  • Revalorizar los conocimientos tradicionales 

Hasta la fecha, se han registrado varios resultados alentadores gracias a los partenariados establecidos entre el programa, los actores privados y las comunidades locales:

  • 2500 familias han visto aumentar sus ingresos
  • 13.600 hectáreas de tierra se han beneficiado de medidas de conservación y reforestación, garantizando así la preservación de especies animales amenazadas y de 154 fuentes de agua, entre otras cosas
  • 37 municipios han desarrollado iniciativas concretas para mejorar la gobernanza en la gestión de los recursos naturales
  • 60 expertos técnicos y 175 líderes locales (entre ellos muchas mujeres) han adquirido competencias especializadas en la gestión de la biodiversidad

«Madre Tierra»

En 2012, otro concepto – consagrado por una ley – se ha venido a sumar a la filosofía del «Vivir Bien»: La «Madre Tierra». Tomados en conjunto, los dos principios, que ya han dado que hablar en el seno de varias organizaciones y convenciones ambientales de las Naciones Unidas, se basan en una convicción que la COSUDE comparte en Bolivia: el saber y las numerosas prácticas ancestrales de las poblaciones autóctonas pueden contribuir al desarrollo. Las comunidades indígenas saben cómo innovar procurando que sus recursos sean durables.

Aún así, con frecuencia no se dan condiciones favorables para valorizar los productos cosechados. Ya sea porque no logran llegar a los circuitos comerciales o porque se ve comprometido el acceso a las fuentes de agua, por ejemplo.

Por último, la Cordillera de los Andes no está a salvo de varios efectos nefastos del cambio climático. Las variaciones de temperatura y los niveles de precipitación aumentan el riesgo de sequías, inundaciones y fenómenos de erosión. En una futura fase del proyecto, la COSUDE tiene previsto centrar su apoyo en la preservación de varios entornos naturales vulnerables y en las poblaciones afectadas. Hasta la fecha, la COSUDE ya ayuda económicamente y técnicamente a una nueva «Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra» que se encarga de las medidas de preparación y adaptación al cambio climático.