Cultura

Cultura en Suiza

Es en la diversidad y la pluralidad que conviene buscar la fisonomía cultural de Suiza, difícilmente captable, desvirtuada y aún subestimada, en razón de esta ausencia de unidad que sin embargo constituye su riqueza.

En el corazón de Europa Occidental, Suiza es un puente, un país de paso, cuya historia está estrechamente ligada al desarrollo de las vías de comunicación. Lugar de nacimiento de ríos que van a desembocar a todos los mares de Europa, es una encrucijada de influencias diversas, en la confluencia de grandes culturas europeas, la alemana, la francesa y la italiana y de dos sensibilidades, la protestante y la católica, cuyo encuentro fecundo y la tentativa siempre renovada de una síntesis imposible le han dado, a lo largo de los siglos, su genio propio, su „cultura“. En efecto, si no se puede hablar de una cultura específicamente suiza en el dominio restringido de las artes y del pensamiento por la razón misma de esta identidad múltiple que le caracteriza, hay artistas, creadores, pensadores suizos que han aportado una contribución mayor a la cultura mundial en todos los dominios del espíritu: Rousseau, Mme de Staël, Jung, Hodler, entre otros.

Relaciones culturales

El poema Los Conjurados de Jorge Luis Borges, uno de los más grandes poetas del siglo XX, retrata la esencia de Suiza. Actualmente ya no son veintidós los cantones, sino veintitrés, pero Suiza sigue siendo un Estado pluricultural y pluriconfesional pacífico, inmerso en un continente en el cual los conflictos internos se resuelven a un elevado costo.

Así como Borges, numerosas personalidades influyeron en la vida cultural de ambos países. Cabe mencionar al paisajista Adolf Methfessel, al arquitecto Jacques Dunant, al etnólogo Alfred Métraux, al arqueólogo Juan Schobinger, al naturalista Emil Frey, a los poetas de tan trágico destino Charles de Soussens y Alfonsina Storni y al fotógrafo Gastón Bourquin.

Indudablemente, la cultura constituye la vitrina más noble para presentar una nación al mundo. La característica peculiar de la cultura suiza, fruto de cuatro sensibilidades distintas, dificulta considerablemente su difusión. La ausencia de un polo inspirador dominante -la cultura en Suiza refleja el carácter federal del Estado y por lo tanto es completamente descentralizada- tiene como ventaja la garantía de una extensa riqueza de producción cultural.

Pero no sólo en nombres famosos se basa la historia de las relaciones entre ambos países. En su mayor parte es gracias a los inmigrantes desconocidos que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX dejaron atrás su patria y se establecieron en la Argentina. Con el coraje de la desesperación, enfrentando la enorme distancia, partieron en busca de un nuevo futuro. Así nacieron Esperanza,en la provincia de Santa Fé y Baradero, en la provincia de Buenos Aires , primeras colonias donde se establecieron los colonos recién llegados. Los siguientes fundarían colonias en Misiones, en la provincia de Buenos Aires. Algunos después de hacer fortuna regresaron a su país, pero la mayor parte se radicó definitivamente contribuyendo de esta manera en la formación del pueblo argentino.