Precaria situación humanitaria de los refugiados sudaneses en Maban, Sudán del Sur

Artículo, 10.09.2013

Entrevista con Lukas Rüst, Cuerpo Suizo de Ayuda humanitaria (CSA), en misión como experto en protección para el Alto Comisionado de Naciones Unidas p

Los incesantes combates en los estados de Nilo Azul y Kordofán del Sur, al Sur de Sudán, obligaron a huir al vecino Sudán del Sur a más de 200.000 personas, muchas de las cuales tuvieron que dejar atrás todos sus bienes. Desde junio de 2012, el ACNUR presta ayuda de emergencia y de supervivencia en el norte de Sudán del Sur (Estado del Alto Nilo) a más de 115.000 personas. El ACNUR y sus equivalentes ofrecen protección a los desplazados en cuatro campos de refugiados, en el condado de Maban. Se trata de una operación de ayuda de emergencia muy costosa del punto de vista logístico. Tanto por la lejanía como por el aislamiento de la zona. La COSUDE apoya esta operación humanitaria con contribuciones multilaterales y el envío de expertos. La «Protección de los civiles» es uno de los puntos prioritarios de la COSUDE en Sudán del Sur.

Lukas Rüst habla con refugiados del estado de Nilo Azul (Sudán) en un campo de refugiados del condado de Maban (Sudán del Sur).

Sr. Rüst, ¿qué opinión le merece la situación de los refugiados sudaneses en Sudán del Sur?
El 9 de julio de 2011, Sudán del Sur declaró su independencia de Sudán. A raíz de ello, también en el estado sudanés de Nilo Azul, en la frontera con Sudán del Sur, se registraron movimientos autonómicos, que fueron sofocados por el ejército sudanés con bombardeos. Como consecuencia de estos ataques, entre noviembre de 2011 y junio de 2012, unas 110.000 personas huyeron de Nilo Azul al condado de Maban. Cuando llegaron los primeros 80.000 refugiados, había solo unas pocas organizaciones humanitarias sobre el terreno. El ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) pudieron lanzar y reforzar su ayuda en el plazo de dos meses, pero no estaban preparados para la llegada de otros 30.000 refugiados.

A finales de 2012, la situación se había estabilizado, de modo que la mayor parte de los refugiados tenía acceso a suficiente agua y su estado nutricional no ponía en grave peligro su vida. Sin embargo, la situación humanitaria sigue siendo muy precaria.

¿Qué riesgos corren los refugiados en los campos y qué medidas se toman para subsanarlos?
Los problemas más graves son la falta de acceso al agua potable, las malas condiciones higiénicas en los campos de refugiados y el consiguiente riesgo de infecciones. Además, nos vemos confrontados con un brote de hepatitis E.. Una enfermedad casi desconocida a nivel mundial y mortal si no se diagnostica a tiempo o no recibe tratamiento adecuado. Nosotros intentamos, con campañas de información, mejorar las condiciones higiénicas y el estado de salud de los refugiados.

Otros problemas son las tensiones entre población local y refugiados, la violencia de género y los grupos armados, que abusan de los campos de refugiados para reclutar personas. En los casos agudos de violencia, los actores humanitarios tratan de reaccionar directamente, p. ej., actuando de intermediarios. A largo plazo, se elaboran conceptos para la solución de conflictos.

A su llegada, a Ud. le tocó trabajar en un campo de refugiados nuevo. ¿Conllevó esto algún problema especial?
Tuvimos los problemas iniciales habituales, y nos vimos confrontados con una gran carga de trabajo individual. Pero, justamente la falta de recursos personales es un componente característico de las misiones de emergencia, y esto motiva a los empleados sobre el terreno a mejorar su desempeño.

A diferencia de las misiones „normales“, en una situación de emergencia todas las decisiones tienen consecuencias directas y existenciales para las personas afectadas. A un recién llegado, p. ej., hay que registrarlo y darle comida inmediatamente; si no, padece hambre aguda. Esta enorme responsabilidad puede suponer a veces también una carga.

¿Cómo se presenta una jornada típica de un experto en protección del ACNUR en Sudán del Sur?
Mi tarea consiste ante todo en desarrollar e implementar estrategias de solución de conflictos y de problemas. Sin embargo, a menudo hay que dejar todo lo que se está haciendo y reaccionar de forma inmediata. Recuerdo muy bien un día de marzo de 2013. Ese día me enteré por casualidad de que en unas pocas horas llegarían 25 familias de refugiados. Sobre el terreno, sin embargo, comprobé que se trataba de más de 200 personas. Junto con el traductor, pasé el resto del día con los primeros registros de los refugiados. Médicos Sin Fronteras de Bélgica repartió raciones alimentarias de emergencia.

¿Cómo funciona el diálogo dentro de los campos?
En un entorno en que no existen los medios de comunicación, en que la mayoría de las personas no sabe ni leer ni escribir, la comunicación constituye un desafío enorme. De este modo, en todos los campamentos tienen lugar encuentros semanales de información y de debate entre los jefes de las tribus y los representantes de las organizaciones humanitarias. Los jefes de las tribus y también los refugiados entendían nuestras tareas y los desafíos que conllevaban; y nos estaban reconocidos cuando teníamos éxito con nuestras acciones.

Ud. visitó a los refugiados en la zona fronteriza con Sudán. ¿Cuál era el objetivo de su visita, y en qué consiste una misión fronteriza de este tipo?
El «border monitoring» (observación y control de la frontera) tiene como objetivo, además del análisis de la seguridad, sobre todo la creación y el mantenimiento de un intercambio de información con las autoridades próximas a la frontera así como lograr información directa sobre los nuevos flujos de refugiados. A lo largo que estos flujos fueron continuos, las misiones fronterizas tuvieron lugar casi a diario, sobre todo para poder transportar directamente a los centros de acogida a las personas seriamente debilitadas.

Sudán del Sur es un país independiente desde 2011. ¿Cuáles son los retos más importantes para el Gobierno de este joven Estado teniendo en cuenta estos flujos de refugiados?
Las autoridades civiles del Estado no disponen de ningún canal de información con las regiones limítrofes; de ahí la importancia de nuestras misiones fronterizas. El Estado no dispone en absoluto de recursos suficientes para poder asumir por sí mismo, en un futuro próximo, el papel de coordinador en una operación coordinada por el ACNUR, como la del condado de Maban. Así, por ejemplo, la Comisión nacional de refugiados tiene solo a tres personas trabajando en el condado de Maban a pesar de que entretanto el número de refugiados asciende a 118.000.

El Estado se ve confrontado con problemas similares a los de los equivalentes internacionales; tiene grandes dificultades para poder movilizar los materiales y el personal que tan urgentemente se necesitan.

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